En el consumo de alto riesgo

De alcohol, drogas, medicamentos y comportamientos, se han confundido los síntomas como si fueran una enfermedad, cuando simplemente son signos.

Nosotros nos manejamos bajo la premisa

de que los rasgos humanos se reparten dentro de una gama en donde por un extremo se localizan personas que poseen una habilidad, una predisposición, una sensibilidad o un interés, en un grado muy alto, mientras que del otro se ubican las personas con los mismos rasgos en un nivel muy bajo, y el resto que están entre medio.

Se ha tendido a catalogar como “enfermedad”

la expresión de un rasgo que no nos gusta, que aparece exagerado o inaceptable y que se entienden muy difíciles de modificar, dando paso a grandes prejuicios e inmensos errores en el paradigma terapéutico.

El calificativo de “adicto”

a profundo escrutinio no clarifica, al contrario, reduce a expresiones elementales lo que necesitamos ampliar; esta etiqueta global estigmatiza innecesariamente sin aportar, ni a la comprensión ni al manejo de las conductas relacionadas, por lo que hemos decidido enfáticamente abandonarlo.

Nuestras metas incluyen producir un cambio en las tendencias culturales del conformismo, para que la gratificación inmediata, los premios a logros nimios, la mediocridad y la idea equivocada de que “merecemos todo solo por que sí”, o la explotación del derecho a “experimentar todo”, nos dejen de asfixiar todos los días.

Es hora de que la ciencia se interese seriamente por los consumidores de alto riesgo. Buscando aclarar la manera de tomar ciertas decisiones, en que forma puede lograrse un cambio y con qué consecuencias.

En esta nueva era se necesitan los cuestionamientos justificados por imposiciones arbitrarias y despectivas observadas en el desarrollo de la historia. Como fieles defensores de las diferencias, no creemos en la universalización de una respuesta para todos.